SONRISA DE TELEVISIÒN

Posted on 22:19:00 by Paco Palafox


SONRISA DE TELEVISIÒN

Paco palafox
2006

Dicen que la primera impresión es una de las que más cuenta en la vida, y en parte creo que tienen razón, nos conocimos de la manera más fría pero moderna a través de los monitores de Internet, durante dos días y en nueve horas escuchaba tu voz sin oírte mientras leía tus palabras en color violeta, la magia de la imaginación y la fantasía de encontrar a esa persona que tu mente en su falsa perfección cree haber encontrado y que había dibujado días atrás, quizá meses, me convenció que eras tú la protagonista de mis ilusiones, sin palpar la realidad eras tú la ideal.

Tres días después mi correo electrónico parecía embarazado de sueños y alegrías que llevaban tu remitente, renglones de sueños y pláticas absurdas acerca de quererse y del amor, tarjetas virtuales llenas de caricaturas con “te amo” y corazoncitos bailarines; esa era mi mejor comida durante la primer semana de verte y tenerte sin siquiera mirarte, y nunca faltaba el aderezo que ponía el toque de credibilidad tan especial, “esto lo preparó Dios para nosotros, tú eres esa persona especial que tanto le había pedido y más aun rebasas mis expectativas”.

Mi celular no me dejará mentir, fue testigo presencial de la escena del crimen, bueno, en ese entonces no había nadie inculpado, ni un inocente en el caso, solamente el motorola recibía de tu número y con tu nombre esos mensajes que me hacían sentir importante y verdaderamente querido por ti, claro que mi plateado testigo cada que levantaba sus pestañas para recibir tus mensajes con ese cursi tono que anunciaba tu presencia celular, más tardaba en leer que en lo que salía una respuesta igual de pegajosa por la miel derramada en cada letra, pero para que negarlo, me encantaba esa sensación y disfrutaba cada clic al abrir y cerrar a ese plateado cómplice del amor contemporáneo.

Vivíamos a una noche de distancia por tierra, pero a un clic del maus para poder estar juntos, gracias tecnología, gracias Bill Gates… ¿gracias?

Cada día que pasaba, o mejor dicho cada noche de estar juntos a través del monitor creíamos estar más unidos, conociéndonos y creyéndonos más todo lo que decíamos uno del otro y para el otro, tus fotografías ocupaban ya gran parte de mis ochenta Gigas, y eso lo disfrutaba, hubiera expandido la memoria de ser necesario mientras más de ti estuviera en mi monitor, todas eran perfectas, parecías una estrella de televisión, mi cuadrada mente cristianoide no podía entrelazar esa idea de una chica tan guapa y a la vez tan enamorada de Dios.

La forma en la que me escribías de Él y cuanto lo amabas más allá de hacerme sentir celoso me daba ánimos de poder llegar a estar en tu corazón en un pequeño lugar, mientras tú ya ocupabas una habitación principal dentro de el mío, que decir principal, la presidencial, la más lujosa, la preparada solamente para alguien sumamente especial y que nunca había sido ocupada esperándote aun sin conocerte, ahí estaba en mi corazón, para ti y ya habías entrado, la única llave la tenías tú, no había copias en caso de emergencia, si se llegaba a cerrar y se perdía sería muy difícil o imposible volverla a abrir.

Si no estábamos platicando en línea podía pasar horas viendo tu colección de fotografías, diferentes colores, diferentes escenarios, diferentes peinados pero siempre esa misma sonrisa, esa sonrisa tan perfecta, tan blanca que deslumbraba aun sin verla directamente, tan estudiada, aunque me encantaba y la disfrutaba la verdad es que siempre dude un poco de ella, tan igual que me hacia pensar que era irreal, pero al poco tiempo dejé esa idea y me acostumbre, pero… ¿en dónde había visto esa sonrisa? Sonrisa de portada, sonrisa de desfile, sonrisa de pose, sonrisa fingida, sonrisa estudiada, sonrisa sin sonreír, sonrisa de televisión…sonrisa que me convenció.

Por fin llegó el día, treinta y cuatro días después de nuestras primeras nueve horas de Internet, una noche de camino y unos nervios como de un mentiroso ante el polígrafo, la diferencia es que yo no mentía, la diferencia entre la frialdad del Internet y la realidad era abismal, las imágenes que me había hecho en mi mente y en mi fantasía de ti y a través de las fotografías no correspondían a quien tenía frente a mi, no, no me sentí engañado, me sentí superado por la realidad, ya que verte vestida así, con esa blusa blanca me hizo sentir que caminaba en ese umbral que te lleva de la muerte a la vida eterna, al cielo mismo rodeado de ángeles, y el más hermoso estaba ahí con esa sonrisa hipnotizante.

No sé si era el foco de mas de cien watts de tu sala, la lentejuela de tu blusa o simplemente resplandor angelical, pero me sentí algo mareado al tenerte de frente en la realidad por primera vez, después entendí que era el cambio de altura de una ciudad a otra, pero en ese momento todo fue mágico, tan mágico que mientras llegábamos a ese restaurante para cenar en ningún momento pisé el suelo y solamente sentía esa lluvia de estrellas que nos acompañaba junto con el cuarteto de violines que seguía cada uno de nuestros pasos, las cosas se transformaban al avanzar.

Mientras nos asignaron mesa recuerdo como la luz del lugar bajo de intensidad, se encendieron velas en cada mesa una lejana de la otra para disfrutar intimidad entre las pocas parejas que había ahí, algunos meseros se convirtieron en palmeras otros de los que cenaban flotaban hacia arriba y se convertían en cascadas de luces de colores que caían lentamente en las esquinas del lugar y se sentía una suave brisa de mar en el ambiente, podíamos oír las olas, la música de violines seguía con nosotros pero era más linda la música que escuchaba de tus labios, la que veía de tu sonrisa, esa sonrisa de televisión que me tenía atrapado y como Pablo me hacía llegar al tercer cielo solamente de sentirla tan cerca de mi…

Las horas juntos esa primer noche se hicieron segundos, la cena se terminó y caminamos frente al mar, sí, en serio, eso fue real, ahí sin decir más palabras nos abrazamos y por fin pude probar esa sonrisa de televisión que por segundos dejó de serlo para convertirse en un beso real, tan real como la brisa de mar que me hacía sentir la piel pegajosa, tan pegajosa que no permitía que nos separáramos en ese abrazo, el primero de muchos, el mejor de todos…

El reloj encendió su luz preventiva diciendo que era tiempo de regresar, nos volvimos a despedir esa noche real, con la esperanza de seguir el sueño al día siguiente, te dejé en casa con otro beso en la frente, cerraste la puerta y yo brinqué sin que me vieras y por poquito atrapo una estrella entre mis manos, pero la estrella era fugaz y se movió en el mismo instante que la iba a atrapar, por poquito y era mía…por poquito.

Si creyera en los santos, seguramente hubiese encendido esa noche un par de velas a San Internet en agradecimiento a sus favores recibidos, pero en esa ocasión solamente le dije a Dios: “gracias por regalarme esos momentos de ilusión a su lado”, en la madrugada y sin poder dormir seguíamos nuestra lunada a través del celular, hasta caer dormidos, pasamos la noche juntos… yo en mi cama y tú en mis sueños.

Al día siguiente la historia fue parecida, lo que empezó de modo virtual se sentía muy real, disfrutamos ese fin de semana, y el momento de despedirnos llegó el domingo en la noche, así fue, dolía mucho separarse de tanto amor, pero estaba la ilusión de vernos en un par de semanas más, la noche de regreso a casa la pasé mirando líneas blancas de la autopista que de pronto formaban tu nombre en medio del oscuro asfalto, y seguí así sin poder dormir por pensar en ti, releyendo tus mensajes en mi celular casi oyendo tu voz repitiendo lo que las letras decían y recordando tu sonrisa de televisión.

Pasaron las semanas, los meses y todo seguía mejor, cada vez más amor, cada vez más sueños, cada vez más compromiso, nos veíamos, nos besábamos, reíamos, íbamos a la iglesia y hasta orábamos juntos, el sueño se hacia cada vez más real, hicimos planes y teníamos en nuestra mente un futuro juntos, quizá una eternidad, todo era perfecto, casi tan perfecto como esa sonrisa que me enloquecía, esa habitación presidencial de mi corazón que llenabas se había extendido a todo mi ser, llenabas cada rincón pero seguías teniendo tú la única llave que abría esa puerta de entrada.

Le fuimos infieles al Internet y lo cambiamos por la comunicación diaria por teléfono, eso nos hacia sentir más cerca, más unidos, más enamorados, todo era perfecto, tu sonrisa seguía igual, aunque a veces llorabas no dejabas de sonreír, tu fotografía seguía perfecta, nadie veía siquiera algún cambio, ni yo, que creía conocerte tan bien.

Ayer mientras veía tu sonrisa de televisión, me dijiste que ya no querías estar conmigo, que tu mundo real se estaba comiendo a ese mundo virtual que habías disfrutado, me pediste que formateara mi computadora para volver a tener espacio de almacenamiento al borrar tus imágenes, me pediste borrarte del Messenger, y hasta olvidar el celular, cerraste mi habitación presidencial y dejaste la llave adentro, saliste por la ventana de un balcón oculto una noche así, sin avisarme más, con tu sonrisa de televisión, que entonces entendí que solamente había sido eso, una pantalla que me había regalado algunos capítulos de ilusión, de diversión y de pasión, pero que no querías ir más allá de tu propio guión.

Y aunque nunca preguntaste que opinaba yo y solamente tú tomaste esa decisión, no me queda hoy más que apagar las velas a San Internet y pedirle a Dios que me ayude a abrir de nuevo la habitación que unos meses ocupaste porque necesita estar limpia, presentable, mejorada y abierta para alguien que quiera ocuparla y pueda valorar lo importante, especial y lujosa que fue, sigue y seguirá siendo…








Julio 2006